Vindobona

Hace unos dos meses comencé con un ex compañero de trabajo una mini aventura, una de esas de las que ya os he hablado alguna vez. La idea era crear una app de iPhone que te avisase cuando alguien te dejase de seguir en Twitter. Sencillo.

Nuestros objetivos eran múltiples, por un lado volver a trabajar juntos, por otro sentir el placer de hacer algo absolutamente a nuestra medida y, obviamente, la remota (pero siempre atractiva) posibilidad de ganar algo de pasta con la que costearnos la cocaína, las prostitutas de semi lujo y los discos de La Oreja de Van Gogh.

He hecho bastante spam en mi Twitter, pero os lo dejo aquí también para joder un poco más.

El resultado de ello es Sayonara, una app que por 1,79 euros te manda una notificación cada vez que espantas a un follower de Twitter. Acto seguido te deja ver el perfil del pollo y te pone a mano unos botones para twittear, bloquear o incluso devolver el favor (en caso de que fueras follower del traidor).

Sayonara para iPhone, te avisa cuando pierdes un follower en Twitter

Pero no os voy a hablar más de la app sino de una cosa que, en esta ocasión, creo que he sabido manejar bien. La cuestión, que puede parecer irrelevante, es que no hablé a prácticamente nadie sobre la existencia de Sayonara hasta que la app superó el punto de no retorno en el desarrollo (donde ya se podía enseñar algo funcional y empezar a probar con beta testers).

No, no era una cuestión de proteger nuestro tesoro, ni mucho menos, de hecho está demostrado que las ideas son algo flotante y que lo mismo que se te ocurre a ti se le ha ocurrido el día antes a un canadiense mientras tiraba de la cadena del váter tras facturar un kebab que le había sentado mal en la cena del día anterior. Y más en algo tan sencillo como esto, que una vez publicado cualquiera puede replicar tanto en idea como en diseño final sin mayor problema.

El motivo de no contar nada sobre lo que me traía entre manos se debió a algo que me ronda la cabeza desde hace un tiempo. Hay un dicho que reza que no es buen plan vender la piel del oso antes de cazarlo, pues bien, yo creo que pasa igual con las ideas y su materialización práctica. En buena parte debo la creencia a esta charla TED de Derek Sivers (también autor, por cierto, de este otro clasicazo).

Lo de contar el deseo que has pedido al soplar las velas tiene más sentido de lo que podría parecer.

Por si ahora mismo estáis perdiendo el tiempo en el trabajo y no podéis ver el vídeo os lo resumo. Lo que el tal Derek viene a explicar es que está demostrado que contar a los demás tus metas hace que sea más difícil que llegues a alcanzarlas. Al parecer, que la gente te felicite o halague por algo que ni siquiera has hecho es contraproducente para que lo llegues a hacer. Y doy fe de ello.

Mi blog es un buen ejemplo. No creeríais la cantidad de borradores de entradas que tengo a medio escribir y como muchas de ellas se han quedado por el camino tras hablar de su existencia con alguien. Es curioso, al comentar una idea de viva voz la necesidad de seguir dejándola por escrito se diluye en un momento, como si al verbalizarla en público ya hubieras cumplido con tu parte del trato. Paralelamente, al haber dicho que estabas escribiendo te creas una presión que no tenías antes y que dificulta continuar.

Supongo que esto es algo muy personal y cada persona lo gestiona de una manera, incluso dependiendo del momento, pero yo lo tengo claro. No os enteraréis de lo próximo que vaya a hacer hasta que lo haya hecho (como una discreta ventosidad de ascensor y no como el típico eructo de 90 decibelios de restaurante con Coca-Cola refill).

Ah, y por si os estabais preguntando de dónde me había sacado el título del post, os dejo esta cita de la peli Gladiator:

Una vez hubo un sueño llamado Roma. Sólo podías susurrarlo, a nada que levantaras la voz se desvanecía; tal era su fragilidad.

3 comentarios, debe haberse caído Twitter o algo

– ¿Alguien ha estado alguna vez en el ejército?
– Yo
– Yo
– Luché a sus órdenes en Vindobona
– Entonces tú ayúdame

¡Que peliculón!

Lol, lo cierto es que no se me había ocurrido pensarlo, pero le doy vueltas tras leerte y sí, las cosas que mejor me han salido hasta ahora (y las únicas que han terminado tal y como yo quería) son las que menos he comentado con gente, a excepción de con los miembros que participasen. Habrá que tenerlo en cuenta a partir de ahora.

Efectivamente hay que ser discreto, aunque a menudo, ilusionados o por las ganas de recbir Feedback, se escapan las cosas. Cualquier día nos la lías…

Comenta lo que quieras, si no me gusta lo borro y listo