Renunciar a algunos sueños

Cuando era chaval soñaba con pilotar aviones. Creo que es algo que a todos (especialmente a los chicos) nos atrae en algún momento. Los aviones son máquinas fascinantes, de las más complejas que existen y, creo que estaremos de acuerdo, la promesa de volar es algo irresistible para los humanos.

Dado que en mi casa éramos más clase baja que media la idea de llegar a ser piloto comercial sin atracar un banco por el camino era una quimera, así que llegué a considerar hasta meterme en el ejército. Una forma, decían, con la que poder llegar a ser piloto sin costeártelo de tu bolsillo. Y contaba a mi favor con algo de coco, buena forma física y una vista que, aún hoy, pone en apuros a cualquier Retina Display que se cruza en mi camino.

Fotograma de la película El Viento se levanta, muestra a un chico subido a un avión imaginario

El viento se levanta.

Al final me rajé, la meta resultaba atractiva pero no estaba dispuesto a dejarme consumir en los engranajes de un sistema, el militar, que no me gustaba un pelo. Y, ojo, nadie me garantizaba que en lugar de terminar pilotando cazas a lo Top Gun con mi compañero de bromance no acabaría en un cuartel mugriento haciendo inventario de latas de lentejas.

Total, que una vez descartado el ejército hice lo propio con ingeniería aeronáutica (que junto a industriales, arquitectura e informática representaban mis opciones) y me convencí de que si en algún momento de mi carrera me forraba (no podía ser tan complicado, ¿no?) ya tendría tiempo de pagarme un buen curso y terminar siendo piloto por mis propios medios. Mientras tanto seguiría jugando al Flight Simulator, y listo.

¿Lo pilláis?, en el ‘aire’, al estar hablando de aviones, y yendo los aviones por el aire, ¿lo pilláis?, es muy ingenioso.

Y así quedó la cosa, uno de esos sueños que uno deja en el aire esperando a que los astros se alineen. Lo duro llegó hace unos meses cuando no sé donde leí que ningún piloto comercial (de aviones de pasajeros grandes, que son los que me gustaban) podía comenzar su carrera con más de 30 años. Es decir, es tanta la preparación y las horas de vuelo exigidas que es virtualmente imposible comenzar una carrera como piloto con 30 y llegar a pilotar algo grande antes de jubilarte.

Os vais a reír, pero leer esto me dejó un poco jodidillo. A ver, yo tenía claro que las opciones de cumplir este sueño eran ínfimas, pero me gustaba creer que no eran directamente cero. La diferencia entre cero y algo que tiende a cero es sustancial, igualmente que con las posibilidades de las loterías, de las que ya he hablado alguna vez.

Piano

Hace unos tres años me compré un teclado musical, normalito pero ideal para aprender. Llevaba toda la vida queriendo aprender a tocarlo y me puse más o menos en serio con el tema, con libros pero sin profesor ni clases, aprovechando un par de horas libres que tenía por las tardes; y los consejos de algunas buenas personas de la internet que se tomaron la molestia de contestarme largos emails y dejar comentarios en el blog. Tres meses después el teclado ya estaba en el trastero cogiendo polvo. Lo más que llegué a poder tocar fue, en fin, una puta mierda.

No es nada raro, los instrumentos musicales comprados por primerizos están abocados a terminar en Cash Converters antes o después, la curva de aprendizaje es tan salvaje que la inmensa mayoría de personas no estamos dispuestos a hacer la inversión de tiempo que requiere. Es equivalente a comprarse unas pinturas y pretender pintar como Antonio López dedicándole tres horitas a la semana.

No pasa nada, es algo que ya sabía pero por un par de cientos de euros lo pude vivir en mi propia piel, el piano es un instrumento precioso pero no es para mí, no pasa nada, es bien. Me alegro de haberlo intentado aunque fuera para comprobar que mis expectativas no eran realistas con el esfuerzo que pretendía invertir.

Y creo que nunca más lo intentaré. Quién sabe, igual dentro de diez años me da por retomar esta historia pero lo veo complicado. No porque no me gustase, sino porque he dejado que ese sueño se vaya volando, lo he acariciado y lo he dejado ir, básicamente prefiero dedicar ese tiempo a otras cosas en las que obtengo más recompensa.

He leído bastantes libros de autoayuda (de esos que enmascaran como libros de negocios) y os aseguro que mi consejo es mejor que todas esas mierdas.

Esto me llevó a pensar en algo que, no es muy romántico, pero que pienso que vertebra la madurez de una persona, aprender a dejar ir los sueños. Sí, hay montones de charlas motivacionales que os dirán que no habléis de sueños, que habléis de metas y así os será más tangible su consecución, y que hay que despertarse cada día y mirarse al espejo persiguiendo nuestro propio destino pero, os diré una cosa, asumir la realidad es mejor que darse de cabezazos contra una pared.

Pero, no os preocupéis, tengo muchos más sueños. Y siento que cada vez soy mejor escogiendo los que sí estoy dispuesto a cumplir.

11 comentarios, han comido lengua

Leer esto antes de ponerme a trabajar delante del ordenador durante unas horas seguidas, y, por casualidad, con la música de “the last of us”, me ha tocado bastante la fibra. Gracias!

El enlace que he puesto está muy relacionado con este artículo:

Y es que soy de la opinión de que hay un riesgo muy importante y que no he visto escrito en ninguna parte, aunque seguro que se ha dicho cientos de veces antes. Cada cosa que hacemos condiciona nuestra forma de ser y cómo será nuestro futuro. Intentar cosas que acabamos no cumpliendo nos mella la autoestima, nuestra capacidad de superación y la confianza en nosotros mismos.

Una Cessna Corvalis no te pilla tan lejos, y me parece más diver de pilotar que un A380 (sin haberme puesto a los mandos de ninguna cosa volandera en mi puñetera vida).

Ah, yo me leí el primer librito que intentas que compremos, pero porque realmente pensé que me serviría en caso de avería del dos tiempos de The Townshend. Y, ya ves.

Curioso, hace años escribí esto más o menos en el mismo tono, quizás no tan bien redactado, claro: http://quequieresquetediga.net/2011/02/madurar/

Alexliam, ha sido ver el link y he recordado perfectamente aquel post. Maduraste 2 años más rápido que yo, ¡maldito!

Ains, cuando los blogs molaban.

Si no quieres dejar morir tu sueño de ser piloto te aconsejo mirar el tema de volar ULM (ultraligeros). En primer lugar que pese a su fama de los trikes y alas delta, tambien existen ultaligeros que no tienen anda que envidiar a una Cessna. Échale un ojo a ULM como la Sinus o la P-92.

En cuanto a dinero o dedicación no es nada del otro mundo, es poco mas que sacarse el carnet de conducir: estudiar un teórico , unas clases de vuelo doble mando, la suelta (primer vuelo en solitario como alumno) unas clases mas , examen, y listo para volar.

Una vez con tu licencia tampoco necesitas ser un ricachon para comprar un avión, se puede alquilar a precios razonables y junto a los aviones “multipropiedad” es como vuela la mayoría de la gente.

Te aconsejo mirar algún campo de vuelo cercano a tu ciudad, en muchos por poco dinero te darán tu primer vuelo incluyendo manejar los mandos, en los pequeños incluso solo con verte interesado te dan una vuelta de prueba..

María Naranco
02/08/2014 a las 23:46

Los sueños son lo mejor de la vida. ¿Quien coño quiere verlos cumplidos…?

Algo menos en tu mochila.

“la curva de aprendizaje es tan salvaje que la inmensa mayoría de personas no estamos dispuestos a hacer la inversión de tiempo que requiere.”

Muy duro pero cierto.

No sabés cómo te entiendo. Estamos hartos de mensajes que dicen que no debemos renunciar a los objetivos, sueños o metas, pero ninguna de esas frases “bonitas” dice algo respecto de las veces que es la vida la que obliga a renunciar.
A veces por más que hablemos de metas en lugar de sueños, todo se hace cuesta arriba.
Cierta vez empecé a pensar que fuerzas sobrenaturales pesaban sobre mi vida que hacían que nada de lo que yo quisiera se pueda concretar. Y algo de eso hay, porque nuevamente (de las tantas ya) sucedió…
Verás, no te imaginas cuánto luché y todo el esfuerzo que le puse, nadando contra todas las corrientes, sociales, económicas, y contra mis propios miedos, de esos problemas psicológicos que se habla mucho hoy en día.
Pero lo hice, empecé a entrenar musculación (Sin esteroides ni nada raro). Algo que quería desde muy jovencito. Cuando pude empezar, se me decretó una hipertensión al poco tiempo, que sin haber transcurrido lo suficiente como para verme como yo esperaba, hace que tenga que abandonar lo anhelado por décadas.
Y para peor, fuí a la playa y tenía que observar como cada vez se ven más hombres musculados y el delirio que le ocasiona a todas las chicas que los miran.

Es un baldazo de agua helada con el que no solo debes lidiar, sino contra todos aquellos que minimizan el dolor por la frustración que uno tiene al tener que renunciar a lo que quería.

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