Profesor

Tengo que reconocer que desde hace algunos años he fantaseado con la idea de ser profesor y poder formar a estudiantes. Lo triste es que, en honor a la verdad, me falta lo más básico para ser profesor, que es el propio conocimiento y la experiencia; es decir, no hay nada sobre lo que yo pueda hablar con autoridad. Pero bueno, soñar es gratis.

Creo que actualmente ya valdría como profesor de colegio, donde las temáticas son triviales y las preguntas que puede lanzar el alumnado son relativamente sencillas. De hecho, siempre he sostenido que en algunas materias cualquier alumno que aprobase con sobresaliente un curso ya estaría capacitado para impartir clase del curso anterior a otros niños. Imagino que los que hayan estudiado magisterio se me tirarán al cuello, pero es lo que yo pienso; sobre todo en las asignaturas que tienen poco de entendimiento y mucho de pura y aburrida memorización.

Fotografía de una clase con algunas sillas y una buena pizarra con un ventanal enorme en medio de la naturaleza

paul goyette.

Pero claro, ese es el ambiente en que precisamente no me gustaría estar. Lo que a mí me gustaría es poder dar clase a gente que quiere recibir clase. Y ahí pienso que me podría defender bien, soy bastante bueno explicándome en público y creo que sabría hacer las clases llevaderas apoyándome en mi vertiente más cómica. Aunque, no sé, igual me tomaban por el pito del sereno.

Recuperar la autoridad

Hace ya años que la profesión de educador está en horas bajas, los salarios deben de ser bastante pobres y el respeto por parte de alumnos y, lo que es peor, los padres de los mismos, ha tocado fondo. A todo lo que puede aspirar un profesor de colegio o instituto es a que le respeten tanto como para no subir los vídeos de las bromas que le gasten (cuando no son palizas) a YouTube sino a Vimeo en HD. Es realmente penoso.

La verdad es que los anuncios de la Comunidad de Madrid cada día dan más vergüenza ajena.

En Madrid han iniciado una campaña bajo el lema ‘Respetemos y apoyemos a nuestros profesores’ con unos anuncios en el Metro bastante deprimentes. Y es que, joder, el sólo planteamiento de una campaña para esto ya da ganas de llorar, ¿cómo se ha podido llegar a tal extremo? Es como si hubiera que hacer campañas para que la gente no quemase libros en la plaza del pueblo.

No voy a contar ninguna película, en mis tiempos los profesores ya no tenían ninguna autoridad otorgada por el sistema, ni castigos físicos ni hostias (nunca mejor dicho). De hecho a muchos se las hacían pasar putas los alumnos más cabrones, pero otros se ganaban la autoridad a base de dar buenas clases y demostrar su valía hasta a los malotes más descerebrados.

Buenos profesores

A los profesores buenos se les identifica en cuanto llevan dos minutos en el aula, son esa clase de gente que cuando empiezan a hablar todo el mundo empieza a escuchar. Personas a las que se le nota que saben de lo que están hablando, y sin que vayan presumiendo de ello, ojo. Hacen que valores cada minuto de sus explicaciones como lo que son, un bien muy preciado que eres afortunado en poder recibir.

Esto es también un poco ‘efecto GTA‘, es decir, recordar algo mejor de lo que era en realidad.

Puede que mientras los tengas te parezcan duros o incluso los maldigas (a mí me ha pasado con muchos) pero cuando terminas el curso y echas la vista atrás dices, ‘joder, todo lo que he aprendido yo con este cabronazo’. Y cuando pasan los años hasta recuerdas nítidamente algunas de sus explicaciones.

Mirando con perspectiva mis tiempos de estudiante he identificado dos factores que, para mí, determinan con precisión si estoy ante un profesor de clase mundial. El primer indicador es que cada vez que asistes a una clase suya o una tutoría sales con las pilas cargadas y ganas de comerte el mundo. El segundo indicador, más sutil, es que cada vez que mencionan un libro te dan ganas de poder parar la clase justo en ese punto (como hacía Zack Morris), leer el libro, y continuar en el mismo punto.

Carlos

Recuerdo varios buenos profesores en mi carrera, pero creo que ninguno me marcó tanto como Carlos. Veo que tiene un blog, por cierto.

Sería el año 2003 (esto es de hace relativamente ‘poco’) y tenía que matricularme de unos créditos optativos así que me apunté a una clase sobre gestión industrial. Solía coger cosas lo menos relacionadas con la informática para conseguir una visión más panorámica del entorno, en la medida de lo posible.

Recuerdo que fui a la primera clase, me senté al fondo (me gustaba controlar todo el aula de un vistazo) y me quedé sencillamente con la boca abierta. El tío se pegó una charla de dos horas sobre los orígenes de la producción industrial, las máquinas de vapor, Henry Ford y la historia de Toyota tras la que, sinceramente, me dieron ganas de cambiarme de carrera y estudiar algo relacionado con la producción.

Alguna mierda burocrática, de cupos o lo que fuera.

Al par de días me enteré que no podría cursar esa asignatura, no logro recordar el problema que hubo, pero el caso es que me quedé sin plaza y no pude seguir. Mosqueado, me prometí volver a intentarlo al año siguiente.

Si esto me pasase hoy habría ido a clase igualmente aún sin estar matriculado, pero claro, cuando tienes más asignaturas sobre la cabeza intentas optimizar y pringar lo menos posible. Total, que llegó el año siguiente, me volví a matricular y conseguí plaza.

Recuerdo con exactitud la primera clase (por segunda vez) y cómo deseaba que fuera el mismo profesor que el año anterior. Aquella fue tan buena como la del año pasado y, lo mejor de todo, recordaba perfectamente muchas de las cosas que dijo en su momento y que ahora volvían a salir. De nuevo salí flipando, con nuevos conocimientos y la sorpresa de que conservaba los del año pasado, en una materia de la que no había vuelto a saber nada.

El curso fue transcurriendo y la imagen de este profesor no dejó de crecer ante mis ojos. Al final aprobé la asignatura prácticamente por los pelos (aunque desde mi punto de vista bordé el examen) y ni me molesté en reclamar. Me daba igual la nota, por el camino me había leído toda la bibliografía del curso (trabajar en la biblioteca ayudaba en esto, dicho sea de paso) e interiorizado muchísimos conceptos. Había cambiado mi forma de pensar de arriba a abajo y sólo tenía ganas de más. Me quedé con las ganas de decírselo al final del curso pero no lo hice por vergüenza y por no parecer un pelota, de cara a si volvía a tenerlo de profesor, (me ha pasado un par de veces en mi vida) y bueno, valga esta entrada para resarcirme por ello.

A día de hoy buena parte de la filosofía con la que afronto mi trabajo diario y mi vida personal se deben a las enseñanzas de Carlos (y los genios a los que él citó en aquel cuatrimestre), cosas pensadas para optimizar el rendimiento de las fábricas, los procesos y las cadenas de suministro pero que, inexplicablemente, acaban encajando en las cosas más cotidianas.

Eso sí, tampoco hay que bajar la guardia y dar carta blanca a los docentes, que gilipollas hay en todas partes y los claustros de profesores no son menos.

Conclusión, tanto si sois alumnos como si sois padres de alumnos, respetad a los profesores y no vayáis de listos, si el tío parece un cabrón probablemente sea debido a que está intentando sacar lo mejor de vosotros mismos. Y si os parece que ‘le han cogido manía’ a vuestra ricura tal vez la culpa no sea del sistema tanto como de la educación que le habéis dado (o dejado de dar, mejor dicho) en casita.

21 comentarios, debe haberse caído Twitter o algo

Michael J. Fox
16/11/2010 a las 07:02

Lo primero, gran artículo.

Cuando estudias, no hay nada como un profesor “de clase mundial”, tienes ganas de que llegue su clase, algo extrañísimo, y sin saber bien por qué, atiendes y coges apuntes. Está claro que hay gente que vale para enseñar y hay gente que no.

A mi este año me está pasando con un profesor de la carrera, y la verdad es que da gusto ir a clase. La gente no le vacila(bueno, quizá yo un poco), y la clase suele estar en silencio.

Ah, por cierto, las anotaciones en el margen, me recuerdan a alguna clase de matemáticas, cuando te contaban que no se cual loco de las matemáticas dejó gran parte de sus aportes en la materia escritas a boli en los márgenes de los libros. Los hubiera llamado “genios”, pero entonces podría sonar como si se lo dijera a usted.

Acabo el comentario diciendo que cada vez escribo peor.

Estupendisimo post.

Para mi es muy distinto lo que pretende un profesor de primaria a lo que pretenden los profesores después. No creo que se te tire al cuello nadie de magisterio, tú probablemente serías un buen profesor de instituto (o universidad) pero no valdrías un cagao como profe de primaria.

Yo en verano solía dar clase (de estadística) y la verdad es que es una actividad de lo mas satisfactoria. Lograr meter conocimientos en la cabeza de alguien es algo bastante mágico.

Es lo que dice el viejo Alo. Yo de crío quería ser profesor para poder putear a los alumnos como consideraba que me hacían a mí. Ahora lo sería para parecerme a un tal Javi, a un tal Roberto (informáticos de mundos completamente opuestoes, Sanidad y Seguridad), a una tal Ana María (Inglés y Francés), un tal Busto (Historia) y un flipado de la hostia que siempre iba de guay apellidado Jubera que tres años después de darme clase consiguió que me interesara en la Filosofía.

En un MBA nos hablaron de gestión industrial y que todos los coches se venderán en el color que nosotros deseáramos siempre y cuando fuera negro o que un tal Toyoda montó una factoría impactante (debe ser el recital standard). Quien hablaba había sido un alto cargo de Renault, así que de almacenamiento (“estocaje” que llaman los pros) y motores sabía lo suyo, ahora, el tema nos resultaba interesante, pero un tío, por muy bueno que sea, nos habla sobre cómo se escogen las plantas que sacará Iñigo Segurola en el siguiente programa de Bricomanía y mi nulo interés en la botánica me haría aprovechar mínimamente todo aquello y salir con una sensación agria, por muy buen profesor que fuera.

Sólo espero que pongas la Bibliografía de aquel curso de Producción :)

Cierto lo del último párrafo y que hay que respetar a los profesores y nunca sobreprotejer a los niños.

Sin embargo hay algún que otro tarado por ahí dando clase que mejor no cruzarte en su camino. A mi me pasó y probablemente fue el peor año de mi vida.

La historia de Toyota y Henry Ford debe ser comodín, a mí me la han contado 300 mil veces junto con la de Línea Directa y los múltiples logros de Steve Jobs.

Por cierto, admítelo, le has puesto de título “Profesor” para que el título de la página fuera “Profesor infa.me” XD

Siempre he tenido en mi vida algún profesor de estos (por suerte, vamos) y, a pesar de que ya no estén algunos, siempre se recuerda por alguna clase en concreto o por todo lo que se aprendió con ellos.

Lo triste es el mundo actual, en el cual se toma a los profesores (y educadores) por el pito del sereno. Triste es, sin duda.

Gran blog, creo que comentaré más a menudo, Hugo ;)

Enhorabuena, has enfocado bastante bien el tema, aunque estás equivocado en lo de la preparación necesaria para dar clases de primaria; no son conocimientos sobre la materia lo que más se necesita, sino saber encontrar ese equilibrio entre autoridad y entretenimiento. Déjame contarte una batallita:

En mis años de formador, casi nunca he tenido problemas con gente desmotivada, pues los cursos (ofimática y programación) casi siempre han estado dirigidos a personas motivadas para aprender. Como ejemplos radicalmente opuestos, valgan estos dos:

1. Las clases de repaso que di en un colegio de Primaria (¡qué obsceno suena eso, dicho por mí!). Alumnos de 6 a 11 años cuyos padres pagaban unos 12 € al mes para que sus hijitos tuviesen un par de horas a la semana de informática (y así no tenerlos en casa tanto tiempo). La materia era: accesorios de Windows, WordPad, Word, Excel e Internet (Explorer, claro).

2. El curso “Iniciación a la programación orientada a objetos” que di al equipo de programadores de una conocida empresa. Estos programadores se habían quedado anclados en el pasado, y sabían programar en C++ (a pelo), pero no tenían ni idea de programación orientada a objetos. La materia era diseño de formularios (usé VisualBasic), objetos, propiedades y los fundamentos de programación en VB: interceptores de eventos, variables, procedimientos y funciones (excepto “variables”, todo era nuevo para ellos).

Pues bien; esto es lo que ocurrió:

1. Preparar las clases para los putos niños de primaria era un calvario: horas navegando por Internet, buscando trucos para reclamar su atención, negociaciones en clase para que atendieran media hora y así dejarles la otra media a jugar a algún juego en Flash, la charla con sus padres para ganármelos y conseguir que les motiven también desde casa, la fricción con aquella puta niña preadolescente mentirosa que se metía en todos los líos y aparentaba ser un corderito… el morito aquél que venía a clase con un pañuelo a cuadros al cuello, y usaba los 15 minutos de Internet para buscar información sobre Sadam; el niño de 8 que buscaba fotos de tetas explosivas cada vez que tenía ocasión; la peruanita de 7 años que sabía leer pero era incapaz de encontrar lo que quería buscar, pues siempre escribía mal las palabras de búsqueda (una hoygan en toda regla); el niño de 9 años cinéfilo, seguidor ferviente de las pelis de terror y gore (La Matanza de Texas era su favorita), que cuando no buscaba información sobre zombies o vampiros, se dedicaba a buscar fotos de tíos empalmaos,; el niño inadaptado al que siempre le dolía la barriga y requería mucha más atención que el resto de la clase… Se necesita mucha experiencia y conocimientos de Magisterio para dar clase a manipuladores terroristas miniaturizados.

2. La maravillosa experiencia de mostrar cómo se diseña un formulario con un botón que ponga “Saludar”, y ver cómo se sorprenden al verlo “funcionar” (cambiarle tamaño, moverlo por la pantalla, el botón que aparenta hundirse al hacer clic sobre él…) sin incluir una sola línea de código… recuerdo cómo comentaban las líneas y líneas que les hubiese costado hacer eso mismo en C++. Por supuesto, bastó una única línea de código para que el botón lanzase el consabido “Hola, Mundo.” al hacer clic sobre él. Los ¡Oh! y ¡Hala! que se oyeron al ver que esa única línea abría una ventana nueva con el texto, con su barrita de título, con su botoncito “Aceptar”, con el bloqueo automático del formulario que quedaba detrás… fue un curso muy gratificante. Cada día, los alumnos y yo acudíamos al aula con la ilusión de aprender o compartir algo nuevo.

Conclusión: El que creí que iba a ser el curso más difícil de mi vida, pues no me considero programador, sólo aficionado, y con alumnos con muchos más conocimientos de programación que yo, resultó ser uno de los que mejor me salieron. Y al revés: el curso que aparentemente no tenía ningún reto intelectual para mí, se convirtió en el más difícil: Cuando el niño que buscaba tetas encontraba una tía desnuda abierta de piernas y exclamaba un ¡Hala!, la peruanita, que estaba bastante verde en esto, preguntaba ¿Qué está haciendo?. Cuando el niño cinéfilo encontraba una foto de un zombi sacándole los intestinos a un tío, al inadaptado se le revolvía la tripa, se mareaba y había que tumbarlo en el suelo…

El Lean Manufacturing, o Toyotismo, o producción en célula o sistema KANBAN, son las medidas que todas las fábricas deberían adoptar y ninguna hace. ¿Por qué?

Por la escasa cualificación del personal que lleva 20 años apretando una tuerca y no sabe hacer otra cosa…

Pijus Erectus,
Sniff, lo reconozco, yo era al que siempre le dolía la tripa, se mareaba y me tenía que tumbar pero… no era inadaptado eh

Por suerte, hay increíbles profesores como el que tú citas. Todos, creo yo, hemos dado con uno parecido en nuestra vida. Pero también los hay malos, y mucho. Incluso los hay bordes, los que pasan de ti, y los que no explican.

¿También se les debe tener respeto a estos últimos? Ojo, no hablo de que no haya que respetarlos, no. Se puede respetar a una persona y por dentro saber que no tiene tu respeto.

Genial el respetar a un profesor si el profesor se lo ha ganado, pero hay cada elemento por ahí…

Ya te contaré anécdotas en Madrid que tengo pa montar una tienda. Personalmente llevo 4500 menores formados en año y medio y 80 centros públicos y concertados recorridos. Tengo una situación privilegiada ya que llego al centro, suelto mi rollo durante una hora y media y me voy. Encima hablo a los críos de cosas que les apasionan y en ese sentido, que supongo que es lo que tú buscas, te puedo decir que es el mejor trabajo del mundo. Otra cosa muy distinta es el profesor de literatura o de mates que sacó su oposición y está ahí hasta el fin de los tiempos haga lo que haga.

Brevemente: ser ESE profesor me parece el trabajo más duro del mundo (obviando picar en la mina y similares). La gran mayoría de los profesores son cojonudos y es deprimente a más no poder, observar como un sistema educativo totalmente politizado y una burocracia kafkiana acaban poco a poco con sus ganas de hacer cosas nuevas. Por encima incluso del acoso escolar. Lo que veo que les destroza es el no poder dar clase: pasarse el 60% mandando callar, el 20% rellenando papeles para algo tan simple como expulsar a un crío de clase, el 10% intentando hacerle ver a su padre sin que les ahostie que su hijo es un faltoso, el 5% practicando idiomas con un alumno rumano o ruso que acaba de llegar ayer, el 4% enterándose del nuevo plan de estudios que ha puesto el nuevo gobierno, y el 1%, ahora sí, dar clase del tema que te apasiona y por el que te dedicaste a la enseñanza.

Sobre los chavales. Lo normal es que sean tipos estupendos. En 1º o 2º de la ESO hay veces que te quieres tirar a su cuello pero si eres capaz de recordar el desajuste hormonal que tenías a su edad, se te pasa. Hay casos excepcionales pero un 99% de las veces basta rascar en la historia familiar para entender por qué son excepcionales (esta mañana tuve uno de 9 años que ayer había declarado contra su padre en un juicio, ¡qué le vas a pedir a ese chaval joder!).

Sobre los padres. Lo normal es que sean hostiables. Así de claro te lo digo. Hay excepciones también. Padres que tienen interés por la educación de los chavales, que van a las actividades que organiza el centro, etc… pero siempre son (casualmente) los que tienen los hijos más majetes. Sin embargo, la gran mayoría, en el momento en que sus hijos pasan de los 10 años lo que quieren es quitárselos de encima y que la responsabilidad recaiga por completo en el centro. Es lamentable y muchos años me empeñé en pensar que no era así. Ahora la experiencia me ha convencido de que de las tres patas de la educación (centro escolar, chavales y sus familias) la que falla, de largo, es la tercera. El gobierno ni lo cuento, claro está. Sea el partido que sea.

Por último, película indispensable para entender todo esto: Entre les murs (en VOS obviamente).

Michael J. Fox, ¡aprovecha!

Aloisius, fallo mío, con lo de colegio no me refería a niños de 8 años, sino más bien de 13. Debí referirme al instituto.

ElGekoNegro, claro que la temática influye, pero es que hay gente que podría contarte Terminator y aún así sería un petardo.

juan, de acuerdo, a ver si encuentro el plan de estudios.

Alexliam, sin duda, como digo en el apunte al margen, hay muchos gilipollas que pueden arruinar la vida de cualquier crío que se les cruce.

lactoso, la gracia no es que te lo cuenten, la gracia es que saques algo en claro de ello. Y yo con este tío lo conseguí.

mikelfruits, gracias.

Pijus Erectus, tremenda anécdota, brillante como siempre.

Dani, yo más que a las medidas técnicas voy a las raíces filosóficas que hacen que el tinglado funcione.

Jota, no, ya digo, hablo de los profesores decentes, no de los imbéciles.

Kids, un testimonio muy interesante; y sí, imagino que muchos de los críos las pasan putas. Espero que algún día leas una entrada como esta de alguno de los chavales a los que formas.

LECTOR FURIBUNDO
19/11/2010 a las 07:25

Poco más que añadir tras el post y los comentarios. Yo tuve un profesor bastante parecido a “tu Carlos”, es gloria bendita toparse con uno así, la verdad.

Debo decir que no sólo me ha impresionado tu blog (al que he llegado hoy por la más pura casualidad buscando cosas que no tenían nada que ver) y las cosas que dices, sino la calidad de la gente que comenta en él.
Esto no es muy normal y menos con los temas que comentas (cada vez más olvidados o que han perdido el interés).

Tengo algo que me come por dentro y es como voy a llevar estos temas cuando tenga un hijo (todavía queda jeje), y cómo la gente no se da cuenta que el problema de este país es un enorme problema de educación.

No hay respeto por nada. Muchas veces ni por uno mismo, que es lo más importante.

Veo como cada vez hay más gente que pasa de sus hijos o que se los quita de encima cada vez que quiere, o que va a un restaurante y le pide un pollo empanado con patatas a su hijo de 15 años para él poder cebarse a base de percebes… Y no puedo más.

Cada día que pasa doy más fuerte las gracias porque mis padres decidiesen que mi madre no iba a trabajar después de cinco años de Farmacia (una de las carreras más jodidas y menos valoradas que hay por cierto) para poder educarnos mejor a mis hermanos y a mí.

A lo mejor nos podrían haber comprado más jueguetes o más cosas de pequeños (aún así lo dudo, he tenido la mejor infancia que un niño ha podido tener) pero me han dado muchas más cosas que un niño a veces no entiende y que no se pueden pagar con dinero.

Para volver un poco al tema, en tercero de carrera tuve al mejor profesor que he tenido en mi vida. Se llama David Soler y daba “Máquinas Eléctricas” pero al año siguiente la cosa mejoró y daba una asignatura de libre elección que yo convertiría en Troncal de TODAS las titulaciones, “Ingenio y sentido común”. Lo que aprendí ese año fue increíble y ojalá me lo encuentre por la calle porque sin duda le invitaré a una caña.

Un saludo y enhorabuena por la página.

No hay nada como poner el culo a un profe de la UC3M, verdad?

juaneras, ¿de qué hablas tío?, no tengo ninguna relación con la UC3M desde hace años, ni siquiera sé si este profesor sigue trabajando allí. Yo trabajo en el sector privado, en un área que ni siquiera es la de este profesor y para colmo mi blog es anónimo. O sea, que yo no saco (ni quiero sacar) ningún partido de esto.

Conclusión, eres el típico idiota bocazas.

Hugo, creo que no lo dice por tí, lo dice por el comentario de enostrum. Haciendo una búsqueda en google sale que, su mejor profesor David Soler, es profesor de la UC3M. De todas formas juaneras…comentario fuera de lugar sí.

Pues ahora me he perdido yo… Jeje.
Soy Ingeniero Industrial de ICAI y es allí donde tuve a Soler.
No he querido parecer pelota pero la verdad es que hay profesores que de verdad merecen mucho la pena.
Un saludo!

He leído las entradas sobre Toyota que ha escrito tu ex-profesor y se ve que ese tipo es una jodida eminencia, me da envidia que hayas podido tener un maestro así. Tienen una profundidad y un conocimiento admirables. Te recomiendo que te leas el blog entero (son menos de veinte entradas), el autor metiendo en el mismo saco las historietas de la “Long Tail” o la evolución del mercado musical, siempre con Toyota como ejemplo para explicar el mundo. Realmente fascinante.

Comenta anda, que esto no es Microsiervos