Mi agüita amarilla

He hecho pis en todas y cada una de las piscinas en las que me he bañado en mi vida. Sin excepción.

Por lo general soy un tío bastante cívico así que esta conducta tan cerda se os hará un poco chocante en mi personalidad. Imagino que todos tenemos nuestros trapos sucios.

Fotografía de unas gentes bañándose en una piscina pública, completamente ajenos al peligro que se cierne sobre ellos

Nicolas Venturelli.

El caso es que, es tan fuerte mi deseo por ser un chico bueno que he llegado a racionalizar mi comportamiento buscando una justificación que me deje seguir disfrutando del calor calentito de un buen orín submarino. Y también del tipo de gracietas que me concedo unidas a tan magno ritual, como por ejemplo decirle a mi chica ‘oye, por aquí parece que el agua está más calentita’. Sí, es repugnante, pero no puedo ni quiero evitarlo.

Como veis, no mentía, he pensado largo y tendido en el tema para calmar mi conciencia.

Y, joder, teniendo en cuenta el volumen de una piscina frente al de una vejiga, cada una de mis intervenciones tiene menos concentración sobre el agua del resto de bañistas que la mejor cura homeopática del mundo, o sea, cero. Eso sin contar con que el agua se filtra y renueva constantemente.

Ojos que no ven, corazón que no siente

Es curioso como ver las cosas con nuestros propios ojos es lo que determina nuestra valoración. Por ejemplo, si me pusiese a mear desde fuera de la piscina la gente se saldría inmediatamente y probablemente me correrían a hostias pero como lo hago con el sigilo de un ninja mi travesura permanece en la sombra y, en realidad, no perjudico directamente a nadie.

Lo hemos visto en las películas así que tiene que ser cierto.

Es lo mismo que en los restaurantes. Seguro que antes o después os habéis comido algo repugnante producido por un cabronazo descontento con su empleo. Pero como no lo sabes, pues listo, no hay problema, has seguido feliz con tu vida aunque la hamburguesa contuviese trazas de pollo.

Si cambiamos de tercio es algo que también pasa con la política. Recordad la que se montó con el elefantazo del Rey Juan Carlos. Llegó a la opinión pública un desliz puntual de un tío que, con algo más de discreción, llevaba toda su vida meándose en la piscina de todos. Y todos lo sabíamos, pero al no haber prueba evidente nos la sudaba bastante, alguna coñita puntual y poco más.

De hecho cuando el Rey dijo aquello de ‘me he equivocado, no volverá a pasar’ cualquiera con dos dedos de frente lo que entendió no fue ‘no voy a volver a irme de farra con el país en crisis’ sino ‘me voy a asegurar de que no me volváis a ver cuando esté de farra con el país en crisis’.

Honestamente, no le culpo por ello, para ese hombre ir de cacería a Botswana es como para cualquiera ir al cine. Siempre habrá un miserable muriéndose de hambre en el país mientras tú estás disfrutando de la última de Woody Allen, aunque sea el día del espectador. Pero claro, tú no eres el jefe de Estado, no es tu responsabilidad.

Contramedidas

Es por esto que siempre me ha hecho gracia cuando, al hablar de este tema, la gente me decía que mear en la piscina era una temeridad porque ‘le echan una sustancia’ que reacciona con la orina y delata tu chiquillada. Y no es sólo un cuento para niños, se lo he escuchado a mucha gente adulta.

La idea no aguanta el más mínimo análisis. Nadie en su sano juicio pondría en una piscina algo que hiciera que en cuanto a una abuela se le fuera el punto se quedase un manchurrón de colorines en medio del agua. La gente saldría corriendo de la piscina y la pobre Concha Velasco quedaría humillada ante el personal. Pasado esto, una vez el color desapareciese, ¿quién sería el guapo en volverse a meter?, incluso si el color se diluyese pasados unos minutos, ¿cuanto habría que esperar para volverse a meter sintiendo que el agua está limpia? probablemente días.

¿Qué estoy defendiendo entonces?, ¿que sin prueba no hay delito?, puessss, no lo sé, tal vez un poco sí. ¿Leeríais mi blog si supierais que en casa tengo un zulo con unas niñas secuestradas à la monstruo de Amstetten?, pero como no lo sabéis pues me queréis como a ese amigo tocapelotas al que ves de pascuas a ramos y luego le dices ‘¡tenemos que quedar más a menudo!’.

Muerte al Donut Bombón.

No sé, supongo que lo que quiero poner sobre la mesa, y no tengo una respuesta para ello, es si en determinadas circunstancias es más importante cómo cree la gente que son las cosas en contra de cómo verdaderamente son. ¿Hubiera cambiado algo que en lugar de irse de cacería el Rey se hubiera quedado comiendo Donuts Fondant en Zarzuela?

Así que nada, esa es la reflexión de veinte duros que os quería implantar. Meaos en las piscinas, es salud.

10 comentarios, les das la mano y te cogen el brazo

Lo de mearse en las piscinas es una chiquillada. Yo cago en la playa, que tiene más mérito.

Ese amigo que lee tu post y no vuelve a invitarte a su chalet.

Desviando la atención con el placer de la micción en piscinas para hacer un alegato republicano. ¡Buena jugada!

Es asqueroso. De verdad, que no lo entiendo, ni lo entenderé nunca.

María Naranco
27/06/2014 a las 13:51

¡Argggggg! Mira chaval: voy a dejar de leerte…

Dios, qué putísimo asco. Hay baños.

No sé para que vengo a leer la puta mierda de comentarios después de leer una entrada tan brillante. El primero de Juanki: en fin.

Sólo remarcar que respecto al ejemplo de la abuela, seguramente la gente entraría a la piscina desaparecido el color del delito. Una vez más, reafirmando este post.

Un saludo.

Fantástica reflexión traída desde una divertida anécdota. Espero estar a la altura con este enlace en el que salen piscinas, pises y reyes:
http://ic.pics.livejournal.com/lanube/25130513/53599/53599_600.gif

Hay razones científicas de peso para no mearse en la piscina. La depuradora no filtrará tu agüita amarilla, y el cloro no la descompondrá, más bien al contrario: El ácido úrico reacciona con cloro transformándolo en tricloramina y cloruro de cianógeno; ambas sustancias son altamente tóxicas (afectan al sistema nervioso, corazón y pulmones), pero el problema es que no se descomponen; permanecen en la piscina y van aumentando su concentración meada tras meada. Precisamente, entre otras medidas preventivas, el (el CDC recomienda usar niveles de cloro lo más bajos posibles, hacer que los niños y Hugo vayan con mucha frecuencia al WC, y ducharse cada vez antes del baño (para eliminar el sudor, que también desencadena esta reacción química, aunque en menor medida, ya que la cantidad de ácido úrico contenida en una meada -y más de un adulto, coño- es mucho mayor que la del sudor de muchos adultos sudaos).

Es mucho más saludable lo que hace Juankiblog, cagarse en la mar, pues allí no hay concentraciones de cloro (afortunadamente) con las que ni los ácidos úricos ni los gástricos puedan reaccionar. Además, uno se ahorra el papel. Es mucho más higiénico y ecológico. ¡Bien por el ojete de Juankiblog! ¡Prisión preventiva al pijus de Hugo!

En la última frase, la que recomienda prisión preventiva para el pijus de hugo, se ha perdido este enlace: http://cb-x.com/index.html

Es la celda perfecta para Hugo.

Comenta anda, que esto no es Microsiervos