Las preguntas de mi vida

Al hilo de mi reciente cambio de trabajo, el otro día estuve meditando sobre qué había cambiado en mi forma de pensar respecto a la informática y la tecnología en los últimos tiempos. Me preguntaba si era yo el que había cambiado o lo había hecho el resto del mundo, ¿qué crujiente, eh?, y todo esto sin consumir drogas.

¿Qué?

Sí, sólo tecnológicamente hablando.

Veréis, fui un chaval bastante precoz tecnológicamente hablando. Desde que tenía cinco o seis años me acostumbré a tratar con software. Jugaba a menudo con el ZX81 y el Commodore 64 de mi hermano. La lista de cassettes que teníamos era interminable y en aquella época todo era nuevo para mí, y lo cierto es que la variedad era brutal pese a las limitaciones de estos aparatos (sobre todo del ZX81).

Calificaría aquellos tiempos como los tiempos del ‘¿qué?’. Veía cosas nuevas a diario y las asimilaba, ¿qué hace este botón?, ¿qué pasa si paro la cinta a mitad de carga?, ¿qué son los colorines que salen al principio?, ¿qué significa ‘RUN’? etc.

¿Cómo?

Con el tiempo llegó el 286 y, a medida que iba creciendo, empecé a programar y usar los ordenadores para algo más que jugar. No hacía grandes cosas y no tenía mucha idea de casi nada (claro, tenía poco más de diez años), pero me apañaba. Montaba mis programitas chorras para necesidades que yo mismo me creaba, pseudojuegos sin gracia y cosas por el estilo.

Paralelamente me empecé a interesar por el software de diseño, me encantaba hacer mis historias con un grupito de programas a los que tenía cogidos la medida, básicamente adoraba el Dr. Halo (un programa de dibujo muy sencillito que venía con los ratones Genius), el Ventura Publisher (el único software de autoedición, junto con Harvard Graphics, que he llegado a dominar al 100% en toda mi vida) y AutoCAD (la versión 10, que me iba lentísima, pero me daba para lo que necesitaba).

Tampoco os vayáis a pensar que me pasaba el día programando y haciendo autoedición, en plan niño prodigio ni nada de esto. Lo que más hacía era jugar al Wolfenstein 3D.

Nunca llegué a hacer nada reseñable, pero aprendí un montón de pegarme con todas estas cosas. Además, para los que seáis más jóvenes y no hayáis conocido esta época, el software era monotarea e insultantemente lento (igual que un iPhone 3G actualizado). De modo que si habías hecho una imagen en Dr. Halo para incrustarla en un texto en Ventura y luego, ya en Ventura, veías que no tenía la proporción necesaria tenías que guardar el trabajo, cerrar Ventura, abrir Dr. Halo, abrir tu fichero, modificar, exportar, cerrar Dr. Halo, abrir Ventura, abrir tu fichero y meter la imagen nueva. En cuanto la habías cagado un par de veces te dabas cuenta de que había que ser cuidadoso e intentar hacer las cosas a tiro hecho.

Con lo que calificaría esa época como la del ‘¿cómo?’. Es decir, miraba todo lo que me había llamado la atención e intentaba replicarlo por mis propios medios. No sé, cosas del estilo de, ¿cómo hacen en Windows 3.0 para que los botones parezcan estar en relieve?, ¿cómo es que este juego funciona con joystick sin tener que calibrarlo? o ¿cómo han hecho esta revista para que el texto fluya rodeando a una foto?

Algún día os hablaré sobre mi colección de iconos hechos a mano, y su triste final.

Básicamente por falta de medios me quedé anclado en ese punto durante toda la década de los 90, usando los mismos programas mientras la industria evolucionaba y salían nuevas soluciones al mercado. No os voy a engañar, era una puta mierda saber que al hijo del vecino le habían comprado un PC último modelo al que no sacaba ningún jugo mientras yo me pudría con mi chatarra de siempre. Ahora, viéndolo con perspectiva, me doy cuenta de que aprendí más dibujando iconos de 16 colores pixel a pixel con el Paintbrush de Windows 3.0 que si hubiera tenido las galerías de clip art del Office a golpe de ratón.

Pero, volviendo al asunto de las preguntas, ese ‘¿cómo?’ ha sido la cuestión que más me he planteado desde entonces y a la que he dedicado mis esfuerzos ya que consideraba que era la más importante que uno se podía hacer.

¿Por qué?

Lo curioso es que, en cosa de un año (sobre todo en la última mitad) he cambiado bastante mi forma de pensar y he empezado a preguntarme ‘¿por qué?’. Ya no me preocupa tanto que un botón de Windows 3.0 tuviera relieve, y ya no me preocupa tanto como habían hecho ese relieve con tan sólo dos líneas blancas, lo que de verdad me hace devanarme los sesos es averiguar por qué motivo pusieron ese relieve al botón. Y así con todo.

Maravilloso gráfico con el que muestro las distintas preguntas que me he formulado a lo largo de mi vida, en lo que a tecnología se refiere

A ver, tampoco es algo tan básico, lógicamente me preguntaba el porqué de las cosas al igual que hace todo el mundo. Pero me refiero a intentar racionalizar en mayor profundidad las decisiones que otros han tomado, y tratar de aprender de ello (en lugar de sólo ver qué decisiones habían tomado y averiguar cómo las habían realizado).

Si eres un madurito (o madurita) ahora es tu momento, ilustra a Hugo con tus conocimientos sobre la vida.

Supongo que en el futuro mi vida sufrirá otros cambios y centraré mis pensamientos en otras preguntas a las que aún no dedico la atención que probablemente merezcan, pero bueno, de momento estoy en este punto y me apetecía dejar constancia de ello. Igual todo esto se deba a que he atravesado una crisis existencial y ni siquiera me he enterado, me pregunto, ¿son habituales estos cambios de pensamiento en torno al cuarto de siglo?, ¿o esos rollos de que a determinadas edades nos dan crisis a los tíos son sólo bobadas?

12 comentarios, consecuencia de las altas tasas de alfabetización

Siempre haces lo mismo: publicas, justo, cuando me voy a dormir, que parece que estoy aquí cada noche dándole al CMD+R como si no hubiese mañana :-P

Has hecho una reflexión muy de manual de gurú de la usabilidad, ¿o he leído muy rápido? Justo ahora que estoy asomándome a ese mundo, encuentro que este artículo y tus preguntas a lo Mourinho tienen especial sentido. Voy a cumplir los 25 y no estoy tan filosófico, supongo que hoy te habrás levantado pensador :-D

Lo mejor de este artículo es saber que no era el único que jugaba al ‘Wolfenstein 3D’ mientras todos estaban con el ‘Duke Nukem’.

¡Qué recuerdos!
Me había olvidado completamente del Dr. Halo, y de los logos que “diseñaba” para las cabeceras de las facturas de las empresas de amigos de mi padre, que tenía luego que transformar en caracteres basic para aquellas impresoras matriciales de 9 agujas.
Con Harvard Graphics y mi 286 (ya en la universidad) hice mis primeros trabajos con estadísticas y gráficos de tarta 3D. La peña alucinaba, cuando aún gran parte de los trabajos se presentaban escritos a máquina. Hacía que valiese la pena la instalación de los 10-12 diskettes de doble densidad (720 kb)
Batallitas aparte, estoy de acuerdo contigo en que se aprendía más creando iconos pixel a pixel que teniendo a mano infinitas librerías de iconos a tu disposición.

Preguntas que creo que te pueden quedar por descubrir:

¿Dónde? -Hablando de los datos en la nube, de la conexión desde cualquier sitio y los riesgos, cambios de formatos, etc que conlleva…

¿Hasta cuándo? -Momento reivindicativo. En el tema tecnológico, sirve para cuestionarse las obviedades que no tienen por qué ser tan lógicas, los usos habituales, etc.

¿Para qué? -Momento cínico o depresivo, según lo entiendas. Cambio de paradigma, fin de partida. Vida nueva. Whatever.

Por cierto, se me ha escapado una sonrisa con tu gráfica de las tres preguntas. Se parece mucho a una que me saqué de la manga para un CV de mi jefa y se quedó fascinada de cómo se podía resumir su trayectoria con un gráfico ;^)

Preguntarse los por qué’s es lo que diferencia a un Diseñador de un diseñador.

¿Cuarto de siglo? Tú y yo tenemos el cuarto de siglo más que superado… :P

tomas@eresmas.comStotomas
03/05/2011 a las 16:23

Me apunto a lo que alguien te dice más arriba: a partir de media centuria casi siempre te preguntas: “pa qué, pa qué…”

La curiosidad me llevó a partirme 2 veces la pierna izquierda. Creo que te gano.

Una cosa está clara, y es que sin saber el qué y el cómo de las cosas no se debería tener derecho a preguntarse por el porqué. De hecho muchos porqués, se pueden contestar sabiendo todo aquello que lo precede.

Y la siguiente pregunta… ¿cuál será?

Yo qué quieres que te diga, con 25 años y siendo programador al que le gusta el diseño y la perfección de las cosas (informáticamente hablando) te puedo contar que he pasado también por esas preguntas y me situaría en el por qué. Ahora paso por un momento en el que estoy aprendiendo más que lo que he aprendido en unos cuantos años, cuando esto pase supongo que la siguiente cuestión se empezará a formar.

Muy buenas!

Ahora no recuerdo si es la primera vez o la segunda que escribo por aquí. Me metí en el mundillo de la informática de niño (no tan enano cómo tú), dedicándome especialmente a ello alrededor de los 12-13 años. Sin embargo, lo fui dejando por otras cosas que descubrí y me fascinaron (algunas muy relacionadas, cómo el diseño gráfico). En base a estas experiencias, quería centrarme en el ejemplo del botón 3D que mencionabas. Bien, creo que las nuevas estructuras que creamos las personas suelen imitar formas precedentes para facilitar la comprensión de las mismas. Así, las interfaces digitales intentaron tirar de recursos cómo el “falso 3D” (¡”Falso” porqué está en 2D!), de modo que la superposición de elementos cómo ventanas y botones eran mucho más fáciles de asimilar.

Curiosidad al respecto:

http://cmdj2k4a1.files.wordpress.com/2011/05/photoshop-real-big.jpg

Un saludo,

Dase

Increíble, un nano investigando aquellos PCs del demonio…
Yo hasta los 14 no ví un ordenador en vivo y en directo, y no tuve uno propio hasta los 16… afortunadamente, llegué ya con el windows 95 en liza y era mucho más fácil… aunque no empecé a amar la tecnología hasta hace un par de años, que Mac entró en mi hogar. Antes era sólo algo útil, ahora además es divertido y artístico, y por supuesto mucho más fácil y rápido.
Ahora mismo me encuentro en la fase del “cómo?”, sí, algo retrasada para mi edad…

Fernando Gallego
18/02/2012 a las 10:56

Yo utilicé el DrHallo mientras pude. Aún ahora sigo echándolo en falta, pues me apaño malamente con la barra de dibujo del Word para hacer mis cosas como esquemas de fuerzas en planos inclinados, circuitos eléctricos, o, en este momento, esquemas sobre las imágenes que producen espejos y lentes. ¿Puede alguien proporcionarme el programa DrHallo si existe y se puede utilizar con Windows, o bien otro tan sencillo de manejo y, para mí tan útil y práctico como aquel.
Fernando

Despierta al facineroso que llevas en tu interior