De cómo conseguí mi primer PC

Recauchutado del
18/11/2006

¿Recordáis el anuncio del juego de mesa de MB, Hotel (el de los rascacielos de cartulina) en que salía un chaval con un aire a Zack Morris que contaba como había amasado su fortuna y ganado ‘su primer millón’ y que al final del anuncio se le veía con una fajo de pasta en una especie de flotador de piscina haciendo el mongui? Pues bien, hoy voy a contar como conseguí ‘mi primer ordenador’.

Corría el año 1998 (creo), yo tenía doce o trece años y estaba jugando al fútbol sala (vamos, al aire libre, lo de ‘sala’ es un decir) con mis compañeros de equipo en la cancha que hay junto al edificio de IBM España en Madrid. Era un buen sitio para jugar porque al ser una zona semipija todo acostumbraba a estar bastante cuidado, ahora imagino que estará vandalizado y lo usarán los sudamericanos para cortarse el pelo en comunidad los sábados al mediodía, como en El Retiro.

Lo estuvimos haciendo hasta que una cajera nos dio un toque y nos acojonamos.

El caso es que al terminar el entrenamiento y cuando íbamos hacia el supermercado (un Dia % en que antes de entrenar escondíamos las latas de Aquarius entre las bolsas de patatas fritas congeladas para luego comprarlas frías), antes de volver casa, de pronto detecté un brillo entre unos matorrales.

El descubrimiento

Me asomé intrigado y encontré el que sería mi primer ordenador. Una CPU IBM abandonada, solitaria, que se veía que era una chusta (en esta época ya existían hasta los Pentium II) pero que viendo la carcasa no se podía determinar cuan mierda era, así que le pegué un vistazo rápido y decidí que me la llevaba para casa, mientras rezaba para que fuera un 486. Mis compañeros de equipo, bastante pudientes, no daban crédito.

El motivo es que por esa época el único ordenador al que tenía acceso era un Olivetti PCS 286 de 12 Mhz. y con 1 MB de RAM que teníamos desde 1989 y que se había quedado obsoleto unas cuantas generaciones (aunque por fuera tenía un diseño que ya querría tener Dell hoy día). Pero claro, ahí no tiraba más que MS-DOS (y Windows 3.0, malamente sobre él) y un montón de juegos que ya me había pasado mil veces.

IBM 286 a 10 Mhz. vaya máquina

Steven’s PC Stuff.

Total, que pillé mi mochila (donde llevaba las zapatillas, los guantes y creo que un balón) y la CPU que pesaba como un muerto (8,6 Kg. de las especificaciones más la fatiga del entrenamiento) y puse camino a casa. Aquel trasto puntiagudo se me clavaba por todas partes y me iba destrozando los brazos (de hecho creo que no he vuelto a sentir tanto dolor físico en mi vida), pero eso no era nada si al llegar a casa podía jugar al Doom o al FIFA International Soccer. Toda una puerta de videojuegos se abriría ante mis ojos junto al coprocesador matemático que no tenía el 286 de casa y que yo presuponía a este bellezón.

Este es el momento más épico del post, cuando dentro de diez años me lleve esta entrada a otro blog en lugar de 2 Km. diré que fueron 12.

Así que recorrí andando como uno o dos kilómetros con el trasto ese encima, luego una media hora de autobús, y otro kilómetro hasta casa. Aún no me explico como llegué, pero sí recuerdo la cara de la gente que se cruzaba conmigo viéndome cargar con el trasto. Me miraban con cara de ‘chico, ¿qué haces cargando con esa basura, y con esos pantalones cortos acolchados tan ridículos?’). Es que, joder, se veía viejo y cutre a la legua, hasta los ancianitos veían que era chatarra. Y bueno, os ahorraré más calificativos sobre mi gesta pero garantizo que fue tremenda.

El análisis

Al llegar a casa, abrí el trasto y lo enchufé con la pantalla y teclado del de mi hermano y descubrí la cruda realidad, aquel montón de basura no sólo no era un 486, sino que era un IBM Personal System/2 Model 30 286 a 10 Mhz., es decir, era incluso peor que el que ya teníamos. La decepción fue tremenda, mis sueños con videojuegos nuevos se esfumaron de un plumazo.

Eso sí, tenía 30 MB de datos por explorar. Ahí había de todo, al arrancar saltaba un programita con el que elegir que querías hacer, entre Wordperfect, Harvard Graphics o un Tetris 3D. Estaba petado de currículos del personal de IBM y demás información administrativa confidencial, era muy gracioso y sólo siento no haber hecho copia de todo aquello, pero claro, los diskettes costaban un dinero y no era plan de llenarlos de cosas que probablemente no volvería a mirar.

La caja que, recordemos, había encontrado entre unos setos, tenía bastante mierda por dentro, así que no nos cortamos en desmontar las unidades (diskettera y disco duro) y darle un baño. Nada de plumero no, lo sumergimos en la bañera a machete y luego lo dejamos secar toda la noche; y no, no se oxidó ni cascó nada.

Pero lo más cachondo de todo es que para entrar a la BIOS (a fin de de cambiar la hora) no bastaba con una combinación de teclas (el típico ‘suprimir’, ‘F2’, ‘F10’, etc.) sino que era necesario un diskette de arranque; diskette que por supuesto yo no tenía. Y esto hacía que en cada encendido saltase un error de fallo en la configuración que invitaba a meter el disco, de una forma gráfica muy cuca, dicho sea de paso.

La leyenda

Bueno, de hecho no me llevó el disco, sino que me hizo llevarle uno virgen y lo grabó él, se ve que no quería prestar su joya de 3,5”.

Pues bien, lo más extraño llegó al lunes siguiente, cuando le conté la película a un compañero de clase (llamado Navas y que se parecía al Joker, por cierto) y el tío me contó que tenía un PC exactamente igual al que me había encontrado yo. Un par de días después me trajo el diskette y, en efecto, pude configurar la máquina mientras trataba de asimilar como aquel chaval podía conservar un diskette desde hacía una década. Luego me contó que tenía una docena de ordenadores de estos en su casa, todos del mismo modelo. No quise saber más.

Finalmente, y pese a la decepción, aquella angulosa caja me fue bastante útil, durante un tiempo (hasta el año 2000 en que me compré un ordenador algo más moderno) lo tuve puesto en red mediante el puerto paralelo al PC de mi hermano. Me pasaba ficheros de uno a otro por red y hacía gilipolleces absurdas por el estilo. Eso sí, aprendí a usar Harvard Graphics a nivel profesional. De hecho puede que a día de hoy sea el mayor experto en el planeta sobre su uso, una de esas cosas que te pueden sacar de un apuro, como ser especialista en OpenID o poner tus ahorros en acciones de Technorati.

Por cierto, la CPU aún vive en el trastero de la casa de mi familia y seguro que algún día le doy una utilidad más noble que la de coger polvo. Tal vez valga para apoyar encima mi querido MacBook Pro. O incluso para vaciarla y usarla a modo de caja molona en la que meter mis lecturas habituales, a saber, folletos de publicidad y facturas.

17 comentarios, nada, la gente tiene mucho tiempo libre

“…lo usa­rán los sud­ame­ri­ca­nos pa­ra cor­tar­se el pe­lo en co­mu­ni­dad los sá­ba­dos al me­dio­día, co­mo en El Re­ti­ro…” Racista? espero que no.
Saludos.

Claaaaaro, un Día en una zona semipija.

Pero sí, qué encanto esos primeros ordenadores que cinco años antes de hacerte con ellos ya estaban obsoletos.

andres, ¿qué sería lo racista exactamente?, ¿decir ‘sudamericano’ o contar algo que he visto con mis propios ojos en La Chopera del Retiro?

Juan Ángel, sí tío, que no es que sea La Moraleja, pero la zona de Parque de las Avenidas era acomodada. No sé como estará ahora.

Lo mejor de esto del nuevo blog es que voy a poder leer tus mejores entradas sin tener que buscarlas ni nada, ¡nos las vas a poner tú! ¡una especie de ‘The Best Of… INFAME”!

Más, más, esto era lo que me faltaba para no llegar a aprobar ninguna asignatura este semestre.

misslila, claaaaro, es la idea de todo el cambio. Lo flipante es que me ha llevado más tiempo recauchutar esta vieja entrada con cuatro cositas que haber escrito una nueva sobre cualquier otro tema. Ahora corre a estudiar, y no te hagas un piercing.

Preveo flame progrebuenrollista por la frasecita de marras.

La mía es menos romántica: los viajes fueron a la financiera, con el culo dado de sí a la vuelta. Lo único que conservo de aquel Pentium II es la factura: 240.000 de vellón en 1998. Si me gusta tanto la informática es porque es casi lo único en el universo que baja de precio.

Es muy curioso, a mi hermano y a mi mismo nos pasaba hace unos cuantos años, ya siendo adulto, que nos daba por recoger ordenadores abandonados para poder trastear con ellos y formar equipos funcionales. No es lo mismo pero puedo entender un poco la incertidumbre y la ilusión de cuando coges uno y descubrir si funcionaba, si se podían usar componentes o si estaba completamente roto. Hoy en día mi hermano sigue con eso (yo me cansé y me compré un macbook) y con los presupuestos de la empresa se ha comprado un ordenador y con los restos de otros ordenadores se hizo uno para la empresa funcional (no es tonto ni na).

De mis 12 años lo poco que me acuerdo es de las niñas pidiendo, a cambio de verles las bragas, chuches. Creo que tu infancia fue más interesante.

¡Qué grande lo de las latas en las patatas fritas congeladas! Me dan ganas de hacerlo a mi edad, imagínate…

Joder, viendo esta frase:

“Una CPU IBM aban­do­na­da, so­li­ta­ria, que se veía que era una chus­ta (en es­ta épo­ca ya exis­tían has­ta los Pen­tium II) pe­ro que vien­do la car­ca­sa no se po­día de­ter­mi­nar cuan mierda era…”
tengo que seguir leyéndote, hay cada post tuyo que me hace partirme xD

Pensé que lo de esconder las latas sólo lo hacía yo… A mí también me pillaron.

“… era un IBM Personal System/2 Model 30 286 a 10 Mhz…”

joder, a ver si era el mio!!!!

Qué recuerdos, … el wordperfect!! yo tengo cursos hechos de Wp. :)

yo tenia ordenador en la oficina y en casa estudiaba con apuntes, libros y la biblioteca era mi amiga ;).

Mis padres estaban contra la informática, aún lo están a pesar de que me preguentan si les puedo buscar en google tal o cual cosa.

Así que cuando fui independiente y pude, me compré mi ordenador y me puse internet, lo hice a un banco. Era un Pentium II y entonces todo esto con lo que yo alucinaba era muy moderno y raro…

De todo esto hace quince años.

Cómo ha cambiado todo!

Aquí una sudaca que te perdona el comentario con tufillo racista, lógico en alguien que se crió jugando a los pies de IBM y sudó cargando uno de sus productos. Normal que te caigan mal los sudacas, que como todo el mundo sabe vienen a quitarle el curro a todos los programadores españoles.

Yo sólo empecé con un 486 y 3.11, tuve suerte. El 2º fue un PII, el 3º un AMD a 600 MHZ… Como usuaria de Linux me puedo permitir cambiar de pc cada 6, 7 años, no cuando a la industria le da la gana sino cuando mi bolsillo de sudaca me lo permite.

Ahora soy feliz con un pc casi desfasado ( AMD a 2. Ghz) que corre perfectamente Kbuntu 11.

Aliana, bueno, lo de ‘sudaca’ lo estás diciendo tú, y según veo es algo que te acompleja de algún modo; lo siento. Sobre mi referencia a los sudamericanos ya contesté.

Tendrías que ser sudaca para comprender hasta qué punto nos acompleja serlo en Expaña. Pero en fin, allá tú y tus ideas, no es el tema.

Y que conste que me molesto en comentar porque me gusta tu blog, da gusto leer uno que al menos no está plagado de faltas y bien redactado.

Llegué acá porque hace un par de días me encontré botado un Olivetti PCS 286, y me dio la curiosidad por saber qué tan ancianísimo era. Cuando lo traje, pensando sacarle alguna pieza para el aparato ya vetusto que tenemos abandonado en “la habitación del mal”, entre los vinilos y demases de mi metalero esposo, el susodicho se rió en mi cara porque también lo había visto abandonado y no quiso andar cargando con porquerías, pero pensó “apuesto a que si lo ve la ñoña de mi mona, terminará recogiéndolo”. Aquí lo tengo.
Tendré que robar por ahí algún cable para echarlo a andar, eso sí. Pero sí que es maravillosa la curiosidad. Y si no hay nada que sirva, irá de banquito para que la heredera alcance el lavamanos.

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