Carteles de cine

Por más que hoy cualquier hijo de vecino con un trípode, una réflex normalita (que grabe en HD, eso sí) y un mínimo de buen gusto se haga un plano fijo de una ventana con gotas deslizándose cristal abajo en una mañana lluviosa al ritmo de un piano de fondo (listo para colgar en Vimeo) y ya se crea un genio del séptimo arte, el cine sigue siendo una cosa mágica para el común de los mortales. Y pienso que todo el mundo, entre el olor de las palomitas y los nervios de que el luminoso nos ofrezca su verdoso ‘PASEN’ en una noche de viernes (del que ya os hablé en su momento), es consciente de que rodar una película debe de ser una empresa enorme.

Creo que es por ello que da tantísima rabia (aun siendo meros espectadores) cuando las películas, una vez finalizadas, son destrozadas por unos u otros motivos, seguramente ajenos a los creadores.

Por ejemplo, cuando dan una película en la tele y cortan la emisión justo en cuanto se produce el fundido a negro final y no dejan ni ver la primera línea de los créditos para gritarte a todo trapo que ‘Quesos García Baquero te ha ofrecido esta película’. No entiendo cómo las distribuidoras toleran eso, los derechos de emisión de las películas deberían ir condicionados a su reproducción íntegra, con pausas publicitarias, pero íntegra de principio a fin.

O cuando traen una película a España y le cambian el título original por algo que no tiene una mierda que ver, como el lamentable ¡Olvídate de mí! con el que se cargaron un título tan chulo como era Eternal Sunshine of the Spotless Mind o las clásicas referencias circulares en que ponen en castellano un título que significa algo diferente al original en inglés y pasados los años aparece una película con el mismo título, que ya se había puesto a la otra, y que ya no se puede usar.

Eso por no hablar de cuando dejan el doblaje de alguno de los protagonistas (muy típico en pelis de animación) en las manos del famosillo cutre del momento, encareciendo toda la producción, y sin darse cuenta que por cada paleto que atraigan a las salas gracias al badge de ‘¡¡CON LAS VOCES DE DANI (DE EL CANTO DEL LOCO) Y PABLO MOTOS!!’ están ahuyentando a dos espectadores que habrían ido en condiciones normales.

Pero el caso es que, aparte de estos despropósitos, hay otra cosa que pasa con las películas y que nunca he llegado a entender; la inmensa variedad de carteles diferentes usados para promocionar una misma película. Por ejemplo, estas seis versiones para la película Black Swan.

Distintos posters de la película Black Swan

O esta otra media docenita de la película Let Me In (había incluso más, por cierto):

Distintos posters de la película Let Me In

Entiendo que algunos de estos carteles serán teaser, otros tal vez sean versiones especiales para utilizar en festivales en los que el tipo de público puede invitar a un diseño más creativo, o que otros carteles sean versiones concretas para determinados países en los que tienen estudiado que tal o cual tipo de cartel puede atraer más espectadores a las salas; o incluso que en algunos casos se topen con legislaciones que impidan mostrar en portada determinadas imágenes.

Pero lo que no trago es que pueda haber tantísimas diferencias conceptuales entre ellos. No comprendo como una misma película puede venir envuelta en imágenes tan diferentes e inconsistentes entre sí, de hecho, si os fijáis, muchos de estos carteles evocan sensaciones contrarias los unos de los otros, ¡para una misma película!

No sé mucho de cine, pero para mí, la experiencia de ver una película empieza con su cartel, sea uno de los pocos pintados a mano que aguantan gloriosamente en la Gran Vía o sea un anuncio en una marquesina cutre y, en el caso de los ejemplos que he puesto, hay algunos carteles que me piden meterme directamente en el cine y hay otros que me dicen que ‘esa peli, como mucho, la veremos en DVDRip’, mientras que hay otros que, sin ser ni mejores ni peores, sí que me harían ver la película con una predisposición diferente.

En resumen, la consistencia entre el cartel (o carteles) y las películas es crítico, y no sé si se le da la importancia que merece.

14 comentarios, rollo Café Gijón

Con lo que te mola, SPAM: http://www.elgekonegro.com/web/con-la-voz-del-fulano-de-pignoise/

Ahora, no veo muchas diferencias en las imágenes de la película de Natalie Portman. La única que encuentro fuera de lugar es la cuarta del segundo ejemplo.

Ya te digo, a mi juicio los de Black Swan van todos en la misma línea.

Tampoco estoy de acuerdo en que la experiencia de ver una película comience con el cartel pues a estas alturas de la autopista de la información, que decían en los noventa, antes del carte definitivo tenemos fotos del rodaje, de los actores maquillados, de cómo se preparan los efectos especiales de esa película, qué dificultades han tenido rodando en una selva centroamericana y hasta giros de guión filtrados. De hecho creo que últimamente, cuando he ido al cine no me he fijado en el cartel de la película que quería ver hasta llegar realmente allí. Estás muy quejicoso, tío.

No viene exactamente al caso con el tema del post, pero les recomiendo mucho el documental Freedom on the Fence, o su tentativo título en español, “Diseñando por un sueño.” (Pequeño chistorete.)

http://freedomonthefence.com

Trata sobre los carteles que se producían en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. Como una manera de emplear a los artistas (además de formar parte de su censura al sistema capitalista), el gobierno pagaba por el diseño de posters específicos para ese país. Esto generó una cultura de diseño de los mismos que todavía se mantiene, aunque en mucha menor medida. Al ser la reinterpretación de un artista gráfico del material en la cinta, se crean piezas muy interesantes por sí mismas. Les dejo algunos ejemplos: http://wellmedicated.com/inspiration/50-incredible-film-posters-from-poland/ Los de Tootsie, Weekend At Bernie’s y Fatal Attraction me parecen geniales.

ElGekoNegro, si no es que sean fuera de lugar, sino que, a mi juicio eh, representan cosas diferentes. Y hombre, no es un post quejicoso ni mucho menos, lo que pretendía es reflexionar sobre cómo un ‘simple’ cartel puede cambiar la forma en que uno se mete a ver una película. En mi caso no suelo ver nada de lo que comentas, veo el cartel y en el mejor de los casos, el trailer.

Alan, muchas gracias por los enlaces, muy interesantes.

Hay un documental muy interesante llamado “Cineastas contra magnates” que hace referencia a algunas cosas de las que nombras en el post.

Creo que no está disponible para bajar en ninguna parte, yo tuve que comprarlo.

El de la película “Let me In”, se puede deber a que es un remake de una peli de hace 3 o 4 años, así que podrían ser carteles de películas distintas (aunque al ser remakes sean practicamente iguales).
Los de “Black Swan” (me gustan todos menos el de Natalie con la cara rota) si que pueden desconcertar un poco porque son tan parecedos pero tan diferentes que no parece que anuncien la misma película.

Y por último te diré que me compre el Dvd de ¡Olvídate de Mí! en la Fnac, y poco despues en EEUU la versión original solo por lo del título.

A mi de esos pósters lo que más me choca es ver que cambian la tipografía del título de la película, cuando eso debería considerarse casi como un logo.

La verdad es que es bastante curioso que ya desde el propio cartel desperdicien la oportunidad de formar una cierta “imagen de marca” (si es que tal cosa se puede aplicar a una película).

Puede entenderse en la típica peli donde hay varios personajes de cierto peso y haces un poster para cada uno, pero aún así sigue siendo un poco raro.

Alexliam, me lo apunto, ¡gracias!

Calli, es un remake sí, pero la original no tiene el mismo título. Todos estos carteles son de la misma versión. Tremendo me parece lo que te pasó con ¡Olvídate de mí!, ya sólo por eso sería un buen motivo para que nos mareen con los títulos.

Jota, Himliano, sí, todo va en el pack al que me refiero al hablar de ‘consistencia’. Al final se acaba viendo los estudios, distribuidoras (y demás intermediarios que metan mano en estos asuntos) que son medianamente cuidadosos y los que no.

Verás, esta y otras muchas quejas que nos tienes están siempre contestadas por la misma fea y necesaria substancia virtual que nos lleva puteando «desde que el mundo es mundo»: money, money, money / must be ‘funney’ / in a rich man’s world.
Las productoras no desean vender un mensaje, al menos no antes que vender una película, y si se dirigen a diferentes públicos, utilizan distintos idearios.
Esto es especialmente feo cuando empezamos a hablar de cine como arte, porque en este caso, los creadores (idea, guión, realización) pueden quedar atrás. No hablemos de los traductores, que sólo servimos para los textos y muchas veces quedamos fuera de la decisión de los títulos o el consejo a la hora de adaptar los carteles…

Dios mío, ¿has hecho que el formulario procese las “comillas” y ‘apóstrofos’ para que sean de apertura y de cierre? Marry me. Now.

eρHedro, es algo que hace WordPress por defecto. Por desgracia hay ocasiones en que se lía y lo rompe, sobre todo cuando hay números por medio ya que se piensa que pueden estar hablando de pulgadas, etc. “Turrón 1880”

Joder, la mita de los carteles de Black Swan parecen un homenaje a la separación de los White Stripes.

Estoy de acuerdo en todo, es más, acabas de aclararme por qué me gusta tanto el cine clásico: por lo magníficos que son los carteles de las pelis de más de 40 o 50 años. Antes, existían también versiones de carteles diferentes para una película, pero no existía esa diferencia conceptual tan acusada que acabas de señalar y que también encuentro incongruente (qué pedante me está quedando todo esto, la puta).

Sí que te haré un apunte importante, y es que, el tema de las traducciones de los títulos de las películas en muchos países, tiene una explicación: en Estados Unidos, diferentes obras pueden tener el mismo título, no siendo así en países como España, donde no está permitido, por eso las distribuidoras cambian los títulos para evitar conflictos con otros títulos existentes (esta explicación la escuché hace varios años en ‘El ombligo de la luna’, RNE).

Hola, tengo una duda.. si yo diseño un cartel basándome en alguna pelicula mítica ¿puedo venderlo?

Comenta anda, que esto no es Microsiervos