Calidad suprema

Hace unos días decidí aprovechar mis vacaciones para hacer algo de turismo en Madrid. Es curioso como uno puede pasar casi tres décadas en un mismo lugar y, aún así, no disfrutar de muchas de las cosas que ese lugar tiene que ofrecer.

Seguro que se lo habéis escuchado a alguno, ‘la gente se va a Egipto de vacaciones y luego no han estado en Cuenca’. Pues hombre, algo de verdad hay en esto, si bien, en honor a la misma, los catetos que suelen berrear esa historia no han estado ni en Egipto ni en Cuenca. Es el mismo síndrome del que no regala cosas en San Valentín o Navidad porque él ‘hace regalos con independencia de las festividades’, típico mierdas en el 99% de los casos.

A partir de las 6 el acceso es gratuito y aquello se llena en tromba de chusma ruidosa.

La cosa es que una de mis asignaturas pendientes, de toda la vida, era visitar el Museo del Prado. En mi defensa diré que nunca había ido por una mera cuestión de gustos, la pintura previa al siglo XX no me suele gustar y, concretamente, las estampas religiosas y los retratos de nobles y realeza me dan entre grima y sueño. Pero bueno, al final me animé y audioguía en mano estuve allí unas ocho horas.

Recorte del cuadro del Museo del Prado, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en la playa de Málaga

La visita fue inolvidable por dos motivos. El primero es que conocí el Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en la playa de Málaga, y tras media hora mirándolo puedo decir que es el cuadro más jodidamente espectacular que he visto en toda mi vida. El segundo motivo es que la visita me sirvió para reconciliarme con España, lo público y el trabajo de los españoles. Bueno, de algunos. Me explico.

Daría para otro post hablar de si las bicis son la respuesta correcta a una ciudad en la que el asfalto está destrozado.

Mientras recorría sus galerías me llegó un mensaje de un amigo al móvil, la noticia era que el servicio de bicicletas públicas de Madrid estaba haciendo aguas miserablemente. El sistema informático era una chapuza y por ello no había forma de retirar las bicis, el software se podía putear para abrir programas haciendo click donde no debías, y al final alguien había hecho que apareciese una polla en una de las pantallas. Las noticias hablan de ‘hackeo’ para tratar de desviar la responsabilidad del tema.

Siempre que veo estas cosas, o lidio con la Administración en cualquiera de sus formas, suelo recurrir a una cantinela (ya mencionada en posts anteriores) a la que le he dado bastante más razonamiento de lo que se podría pensar, ‘nada bueno puede salir de algo hecho por consultoras cárnicas y funcionarios’. Cutrerío patrio de ese que según lo ves ya empiezas a oír retumbar en tu cabeza lo de ‘yo soy español, español, español’, banderas compradas en el chino del barrio, con los pliegues marcados y colgadas con el escudo del revés, tweets de ‘soy español, ¿a qué quieres que te gane?’ y gente que ‘monta’ reuniones ante cualquier mínima decisión para evitar apechugar en responsabilidades y dar la cara por sus decisiones. En definitiva, vagos, chapuceros y jetas envueltos por comités y con actas de reunión por lazo.

Pero es que, joder, visitar el Museo del Prado, es una experiencia de verdadera clase mundial. Sacando de la ecuación las obras artísticas (que aunque las expusieran en un vertedero seguirían siendo de relevancia mundial), todo lo demás, es de una profesionalidad que hace sonrojar a cualquier otra instalación pública española en la que haya estado nunca (meted aquí lo que queráis, desde hospitales a aeropuertos). Desconozco cuanto cuesta el mantenimiento del Prado con respecto a otras pinacotecas del estilo pero, honestamente, me da igual.

Allí absolutamente todo está cuidado al milímetro, desde la sonrisa del que te vende los tickets en la entrada hasta el tratamiento tipográfico del menú del restaurante o la limpieza de los aseos. Maldita sea, si es que hasta los seguratas del control de accesos parecían profesionales, y eso ya es decir.

Todo esto me hace pensar en si tendría que replantearme mi idea sobre los funcionarios. Es decir, ¿qué es lo que hace que los del control de acceso del Prado sean amables y los de Barajas sean tan antipáticos siendo ambos grupos subcontratados de empresas del mismo estilo? Pues hombre, trabajar en el puto centro de la ciudad, rodeado de obras de arte y recibiendo a gente de cierto nivel cultural definitivamente tiene que hacerte querer tu trabajo más que hacerlo en las afueras, en un ambiente ruidoso y recibiendo a gente que lleva droga en el dobladillo del calcetín y se niega a tirar la botellita de agua antes de pasar. Pero creo que hay algo más, dejad que de un pequeño rodeo.

Videojuegos

La industria de los videojuegos tiene una particularidad muy importante respecto a la del cine (con la que a menudo se compara por el volumen de negocio que mueve) y es que para jugar a videojuegos necesitas adquirir cierta infraestructura (típicamente una videoconsola). Y esto, que puede parecer una tontería, determina drásticamente la producción de títulos de cierto nivel.

Esto es el gasto total de desarrollo, marketing y demás.

En la séptima generación de videoconsolas, que va desde 2005 a 2012, el juego con mayor presupuesto fue GTA V, con un gasto de 265 millones de dólares, del que se vendieron más de 30 millones de copias. De manera resumida, GTA V es un juego en el que el protagonista se maneja por una ciudad de tamaño real en la que puede moverse libremente robando coches y disparando a gente a su paso.

Hace unos meses comenzó la octava generación de consolas y muchos esperaron que se lanzase algún juego del nivel de GTA V para las nuevas consolas. Al final los números contaron otra realidad, con unos 14 millones de consolas vendidas hasta la fecha no hay empresa que pueda gastar 265 millones en un juego del que, en la generación anterior, se vendieron más del doble de unidades de las consolas que lo podrían llegar a jugar hoy. Es como necesitar vender 100 hamacas en una isla con 50 habitantes.

Es la misma economía de ecosistema que hace que Microsoft tenga un sistema operativo para móviles muy competente pero casi ningún éxito. No hay masa crítica, por tanto muy pocos desarrollan apps para Windows, y si pocos desarrollan apps pocos se compran un móvil con Windows y se repite el ciclo. No estoy descubriendo nada nuevo.

La cosa es que para la octava generación de consolas salió a la venta un videojuego llamado Watch Dogs con una promesa idéntica a la de GTA V, el protagonista se maneja por una ciudad de tamaño real en la que puede moverse libremente robando coches y disparando a gente a su paso. El juego ha costado 68 millones (una cuarta parte de lo que costó GTA V) y las críticas han demostrado que el juego, sin ser malo, no le llega a la suela de los zapatos a GTA V. Ni en tamaño, ni en historia ni, sobre todo, en el grado de pulido de los detalles. Y, pese a la salvaje campaña de publicidad de Watch Dogs (seguro que visteis anuncios en las calles), los 200 millones de menos en el presupuesto son los que marcan la diferencia; o igual no.

Hablando con un amigo le dábamos vueltas a por qué, en una industria tan enorme, algunos estudios (muy pocos) eran capaces de hacer siempre juegos de altísima calidad y cuidado de los detalles mientras que otros sólo podían aspirar a hacer buenos intentos de segunda fila, en el mejor de los casos.

Para los que no juguéis a videojuegos los detalles de los que hablo, más en un juego en el que te puedes mover libremente, son los que hacen que cuando intentas que el personaje haga algo extraño en el juego (como robar un coche y meterse en un túnel del tren), éste ya lo tuviera contemplado como una posibilidad y esté bien preparado para ello. ¿Y es esto una cuestión de presupuesto?, pues en parte sí porque pulir detalles lleva su tiempo, pero en otra buena parte es sólo cuestión de los individuos que están detrás del proyecto, hay gente cuidadosa y gente no cuidadosa, y a menudo van en grupo.

La conclusión a la que llegábamos es que el talento es limitado y el dinero que te puedas gastar no siempre va a garantizarte a los mejores porque, tal vez, los mejores son los que son y ya estén trabajando en hacer el próximo GTA, para cuando haya un parque de videoconsolas vendidas que pueda justificar el desembolso de hacer un título tan caro.

Coste de oportunidad

¿Qué quiero decir con esto?, pues que seguramente el próximo servicio público que se saquen en Madrid de las chistera será también una mierda, dará muchos problemas y, al final, a base de tirar billetes en la mesa puede que termine más o menos funcionando.

No por que lo hagamos españoles, o porque lo hagan cárnicas, o porque lo hagan funcionarios, sino por la sencilla razón de que nadie con talento querría trabajar en una empresa llamada Bonopark que tiene siempre la web caída y que parece hecha a medida para dar un pelotazo bastante turbio, cuando puede trabajar en servicios públicos con un nivel de excelencia a la altura del que os comentaba del Museo del Prado (que imagino que habrá alguno más).

El caso de Telemadrid es sangrante.

Es el mismo motivo por el que los reporteros de Telemadrid, que hace veinte años eran un referente de la crónica a pie de calle, ahora parecen no saber juntar dos preguntas seguidas. A medida que un medio se convierte en un panfleto la gente con talento decide salir de allí por piernas y lo que se queda es la escoria, seguramente no tanto porque crean en la ideología de la casa, sino porque tristemente no tienen otro sitio al que ir.

Así que la próxima vez que vea una de estas chapuzas ya no pensaré únicamente que la gente buena sólo quiere currar en startups molonas, sino que entre lo público también hay buena demanda y buena oferta, pero que tal vez los buenos ya están cogidos, y están en los pequeños ‘museos del prado’ que hay desperdigados por ahí.

Tal vez para hacer BiciMAD, más allá de que el concurso público fuera una vergüenza y que en el Ayuntamiento de Madrid sean unos incompetentes, sólo esté y estará disponible el equipo del Watch Dogs, por más que nos gustase que fuera de otra forma.

8 comentarios, se reproducen por esporas

Ojo con lo que deseas. BiciMad desarrollado por Rockstar. Mu loko.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=YThkirVXzoU (el vídeo de GTA Madrid que supongo ya verías).

Escribe más leñe. Se agradecen post medianamente seguidos.

Siempre he recomendado que cuando se viaja lowcost, se vaya a cagar a los museos.

Ojo con cagar en el Louvre, peores baños no he visto ni en la estación de autobuses de Méndez Álvaro.

Gracias por el consejo. Yo casi siempre programaba las visitas en plan de ir nada más abren el museo y en algunos casos están mejor que los de mi propia casa. Doy por hecho que has intentado colarte en los de minusválidos, ¿No?

Respecto a lo del personal en estos museos, decir que suele ser gente sobre cualificada. Hay profesiones donde es cool trabajar en X y rentable trabajar en Y (Google es X & Y). Por ejemplo, muchas chicas matarían por trabajar de limpiadoras en Telecinco, antes que ser jefas de equipo en Tele Concha.

Nada más terminas Historia del Arte, o Historia, entrar en el Prado es una salida orgásmica, pero cuando empiezas a pagar letras te das cuenta de que no es rentable, buscas otra cosa y acaba supliéndote una chica preparada, sonriente y más joven que tú.

Yo también me quedé embobada con el fusilamiento de Torrijos. Tuve que ir a la exposición de Francis Bacon por obligación (haber estudiado Bellas Artes es lo que tiene), y al salir, di un pequeño paseo por las salas adyacentes, y este cuadro hizo que me detuviese un buen rato delante de él. No sé que es lo que tiene pero embriaga. Ni Mona Lisa, ni Guernica, ni leches…

No creo que windows phone sea un buen SO, es mejor que Android en términos generales. Pero la seguridad del mismo es aún más lamentable

También yo quedé impresionado al ver la primera vez el Fusilamiento de Torrijos, hace muchísimos años, en el Casón de Buen Retiro, donde estaba el Guernica, que no me impresionó tanto. Cuando pasaron el Guernica al Reina Sofía, el Fusilamiento desapareció y le perdí la pista, tendré que volver al Prado. Siempre pensé que me apabulló su impresionante tamaño, acostumbrado a verlo en una esquina del libro de historia, tamaño cromo. Me has hecho recordar un muy buen momento. Muchas gracias.

Me alegra que se de buena imagen en un sitio más frecuentado por turistas que por españoles, no como en el aeropuerto (donde directamente dan ganas de matar al 75% de los empleados quedandose corto y ni los taxistas o la gente de las tiendas ayuda a cambiar de opinión). El único aeropuerto del mundo en el que he encontrado gente genial es en el de Sidney Australia, hasta te gastan bromas y te olvidas de lo dura que es la frontera (estilo USA pero además no puedes llevar ni cacahuetes), y ya la gente no funcionaria es increíble de servicial. Te vas de buen rollo pese a que el servicio es peor que en España. Debería haber auditorías de empatía e imagen y empezar a despedir brutalmente a ciertos trabajadores maleados aprovechando que ahora hay personas que incluso buscando no encuentran trabajo. Sería una pequeña forma de hacer justicia y de acabar con ese “todo vale” tan típico en España.

¡Apúntate!, ¡habla!, ¡apúntate!, ¡habla!