Adiós, Sr. Beijing

Prácticamente desde que empezamos nuestra vida en la casita hemos tenido un colorido acompañante luciendo en la barandilla del balcón, uno de esos molinillos de viento que venden en los todo a cien (hay cuatro modelos) y que compra todo el mundo (salvo durante el mundial de fútbol, que en lugar de eso la gente ponía banderas plasticosas; con los pliegues marcados, por supuesto).

Lo compramos en el chino de al lado de casa, aquellos establecimientos en que los empleados te persiguen entre los abarrotados pasillos para que no robes nada y que, en caja, en lugar de decirte el precio te lo enseñan directamente en el display de la calculadora (haciendo el típico ‘giro de calculadora chino de 180º’, que a mí particularmente me encanta).

Al llegar a casa vimos que tenía la típica etiqueta de ‘IMPORTADO PARA ESPAÑA POR BEN YING S.L.’, o similar, y como a nosotros nos gusta ponerle nombre a las cosas y necesitábamos que fuera algo memorable lo bautizamos como ‘Sr. Beijing’, y no tardó en ser toda una institución. De hecho yo no concibo salir al balcón sin darle un toquecito para que se ponga a girar, aunque no haya viento.

Recuerdo que cuando lo vio Alexliam dijo que era la típica cosa de ‘matrimonio de señores homosexuales de 40 años’, y no le faltaba razón, porque la verdad es que le da un toquecillo gaylord a la casa de lo más apañado. Y de paso facilita enormente la localización del balcón a distancia, para esas situaciones de ‘sí, mi casa es aquella, la del molinillo de colores; vamos, una de las quince que tienen el mismo molinillo en la misma fachada’.

Fotografía del molinillo de la casita, el desaparecido Sr. Beijing

El caso es que tras más de un año dando vueltas, aguantando el sol, el viento, la lluvia, algo de nieve y mucha soledad, el Sr. Beijing (que ya mostraba signos de agotamiento) se ha ido sin decir adiós. Al llegar a casa nos hemos encontrado el mástil, sin el molinillo enganchado en el eje, en una escena tan trágica como la de los padres que ven como sus hijos abandonan el nido o el que se mira el ombligo y no encuentra una pelotilla de algodón en su interior.

Y sí, me pongo tierno, pero mañana compraremos otro y punto pelota.

Sólo espero que no le haya dado a nadie al desprenderse y mientras soñaré con que haya encontrado otro hogar en el que dar vueltas o incluso que ahora mismo esté flotando entre las nubes llevado aún por el viento.

8 comentarios, rollo Café Gijón

Ay, que casi me emociono y todo.

Aparte de gay, ñoño.

Mi mujer lleva empeñaba varios meses con comprar uno. Sólo espero que no llegue a este post porque en breve me veo en un chino (de los 5 que hay ya en mi pueblo) buscando el dichoso molinillo.

Que, de hecho, no está nada mal como decoración gaylord.

Jaja, no recordaba haber dicho esa frase pero si, es bastante típica de mi.

P.D: Lo siento mucho, aunque a rey muerto rey puesto :)

Se fue con Sascha.

Yo es que de las mismas me voy a comprar un balcón sólo para ponerle un molinillo como éste… aunque, sí, es bastante “gayer”.

Realmente ese molinillo HI-TECH de la foto se parece más bien poco a los que yo tenia de pequeño…

Eran monocolor y de plastico charol, asi estoy de depresivo…

Eres jodidamente gayer. Pero me caes bien.

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